Hay objetos que resumen un lugar mejor que cualquier folleto. La avarca —abarca en castellano, avarca en menorquín— es uno de ellos: una sandalia de piel, plana, con una tira que cruza el empeine y otra que rodea el talón. Nació en el campo, en los pies de los payeses, y hoy se ha convertido en un icono del verano mediterráneo que se ve tan pronto en una cala como en una calle de Milán. Pero detrás de la moda hay un oficio, y conviene saber distinguirlo.
Esta guía cuenta qué es una avarca de verdad, de dónde viene, cómo reconocer la auténtica y dónde comprarla en la isla sin llevarte una imitación.
Lo esencial
- Qué es: sandalia de piel, plana y ligera, con tira de empeine y tira de talón. Cómoda, fresca y duradera.
- Origen: calzado de trabajo del campo menorquín; tradicionalmente, la suela se hacía con banda de neumático reciclado.
- Sello clave: la marca de garantía “Avarca de Menorca”, creada en 2010 por el Consell Insular junto a los fabricantes, certifica que están hechas en Menorca y cumplen unos requisitos de calidad.
- Cómo elegirlas: piel auténtica (no plástico), buena costura, suela bien pegada. La comodidad se nota desde el primer paso.
- Precio orientativo: una avarca de piel de buena hechura suele ir a partir de unos 40-50 € el par; desconfía de las de precio de souvenir.
De los pies del payés al escaparate
La avarca es, en esencia, calzado de trabajo. Sencillo, barato de hacer, fresco para el verano y resistente para el terreno duro del campo. Durante décadas fue eso y poco más: lo que llevaba la gente de la isla para faenar. La pieza más humilde del armario.
Su salto a icono llegó cuando ese diseño minimalista —dos tiras de piel y una suela plana— se reveló atemporal. Sin hebillas aparatosas ni adornos, la avarca es pura función convertida en estilo. Hoy se fabrica en una gama enorme de colores y acabados, para hombre, mujer y niño, pero la silueta es la misma que calzaban los abuelos.
Cómo reconocer una auténtica
El mercado se ha llenado de imitaciones, muchas de plástico y fabricadas lejos de la isla. Para acertar, fíjate en tres cosas:
- El material. Una avarca de verdad es de piel, por dentro y por fuera. La piel se nota al tacto, huele y, con el uso, se amolda al pie. El plástico ni respira ni dura.
- La marca de garantía. Busca el sello “Avarca de Menorca”. Es una marca de garantía impulsada por el Consell Insular de Menorca (2010) que certifica la fabricación en la isla y el cumplimiento de unos estándares. No todas las avarcas buenas la llevan, pero su presencia es una señal fiable.
- La hechura. Costuras limpias, suela bien adherida, cantos cuidados. En las versiones tradicionales, la suela imitaba —o usaba directamente— la banda de rodadura de un neumático; hoy es habitual el caucho, más ligero.
Quién las hace
En la isla conviven varios talleres y fábricas con décadas de historia y venta directa. Entre los más conocidos:
- Ria Menorca — en Ferreries, fabricando avarcas desde 1947, con tienda de fábrica.
- Avarca Pons — empresa familiar de Ciutadella, con tienda en el centro y venta online.
- Mibo — en Es Migjorn Gran, con venta directa de fábrica.
Hay más marcas menorquinas de prestigio; estas son una buena puerta de entrada. Comprar en la fábrica o en su tienda oficial es la forma más segura de llevarte el producto auténtico.
Dónde comprarlas
Las encontrarás en las tiendas de las propias fábricas (Ferreries, Ciutadella, Es Migjorn Gran), en zapaterías y comercios de toda la isla, y en algunos mercados artesanales de verano, como los del puerto de Ciutadella o de Cales Fonts, en Es Castell. En temporada alta hay puestos por todas partes: ahí, más que nunca, mira el material y el sello antes de pagar.
Un consejo: pruébatelas con calma. La piel cede un poco con el uso, así que una avarca que aprieta levemente el primer día acabará ajustando perfecta; una que baila, bailará siempre.
Nuestro criterio
La avarca es el regalo perfecto de Menorca: ligera en la maleta, útil de verdad y cargada de historia. Elige piel sobre plástico, busca el sello y, si puedes, cómprala en el taller que la hace. Un color sobrio —cuero natural, tostado, negro— envejece mejor y combina con todo. No es el recuerdo más barato, pero sí uno de los pocos que seguirás usando años después de volver a casa.