Tierra adentro, lejos de la costa, las casas de piedra menorquinas cuentan otra historia de la isla: la del campo, el marès y los muros secos que dibujan el paisaje desde hace siglos.
Restaurarlas bien no es vestirlas de revista, sino devolverles lo que ya tenían: paredes que respiran, sombra fresca en agosto y una relación honesta con la luz.
Tres principios de una buena reforma
- Respetar el material original: piedra, cal y madera antes que el efecto.
- Menos es más: pocos muebles, buenos, y mucho aire.
- Pensar en el invierno: la casa se habita todo el año, no solo en agosto.
El resultado es el lujo que defendemos: discreto, duradero y profundamente local.