Desde el aire parecen un pequeño desierto caído al borde del Atlántico. Desde dentro, a primera hora, son otra cosa: un paisaje que se mueve, que el viento rehace cada noche y que guarda una laguna, un palmeral y una colonia de aves a pocos pasos de los hoteles del sur. Las dunas de Maspalomas son la postal más repetida de Gran Canaria. También son uno de sus espacios más frágiles.

Lo esencial

  • Las dunas son Reserva Natural Especial. Se recorren solo por los senderos señalizados: unos 8 km balizados con bolardos de madera.
  • No se entra en las zonas valladas o restringidas, no se levantan corralitos ni refugios de piedra, no se lleva arena y no se vuelan drones.
  • La hora buena es el amanecer: luz rasante, arena fría y casi nadie.
  • Datos de octubre de 2026; las normas de uso las fija el Cabildo de Gran Canaria.

Un paisaje que se mueve

El campo de dunas ocupa el extremo sur de la isla, entre Playa del Inglés y el faro de Maspalomas. La arena avanza empujada por el viento y las crestas cambian de forma de una semana a otra. En su borde occidental, la Charca de Maspalomas —una pequeña laguna junto al palmeral— es refugio de aves migratorias.

Lo que el visitante ve como un decorado es, en realidad, un sistema vivo y vulnerable: el paso de miles de personas fuera de los caminos rompe la vegetación que sujeta la arena y altera su movimiento. Por eso la reserva se ordena desde hace años con un plan director, senderos marcados y vigilancia.

El camino marcado

Los senderos para el público —en torno a 8 km— están señalizados con unos 1.500 bolardos de madera. Fuera de ellos empiezan las zonas restringidas, algunas valladas para que la vegetación y las propias dunas se recuperen. Salirse del sendero no es una falta menor: está prohibido y el Cabildo, con agentes de Medio Ambiente y la colaboración de las policías y la Guardia Civil, ha reforzado la vigilancia en 2026.

Tres costumbres que conviene dejar en casa:

  • Los corralitos y refugios de piedra. Apilar piedras para cortar el viento parece inocente; está prohibido y daña el terreno.
  • Atajar entre dunas. La foto desde una cresta virgen deja huellas que el viento no siempre borra a tiempo: las raíces que sujetan la arena se rompen.
  • Llevarse arena como recuerdo.

La hora buena

Al amanecer las dunas tienen el color de la arena húmeda, el viento todavía duerme y el silencio es casi completo. Es cuando se entiende por qué este lugar fascina: sombras largas, crestas nítidas, huellas de pequeños animales que nadie ha pisado aún. La última hora de la tarde ofrece una luz parecida, con más gente.

A mediodía, en cambio, la arena quema, la luz aplana el paisaje y el reflejo cansa la vista. Lleva agua, calzado que no tema a la arena y protección solar aunque el cielo esté cubierto: la arena devuelve el sol.

Entenderlas mejor

El Cabildo organiza de forma periódica rutas interpretadas para conocer la geología y la fauna de la reserva; no tienen un calendario fijo, así que hay que consultarlo en sus canales oficiales antes de ir. Pasear después por el borde de la Charca, con los prismáticos, completa la mañana sin pisar donde no se debe.

Para quién es

Para quien se aloje en el sur y quiera ver el lugar antes de que se llene: basta con madrugar. Si buscas dónde dormir cerca con calma, mira nuestra selección de hoteles de lujo en Gran Canaria. Para ver la costa del sur desde otro ángulo, Gran Canaria desde el agua; y para otras imágenes de la isla sin multitudes, nuestras postales sin gente. En invierno, cuando la luz es más suave, las dunas son otra: lo contamos en Gran Canaria en invierno.

Nuestro criterio

Recomendamos la visita solo dentro de las normas de la reserva. Datos de acceso de octubre de 2026; antes de ir, consulta las indicaciones vigentes del Cabildo de Gran Canaria.