Hay una forma de conocer Menorca que no aparece en los folletos de coche de alquiler. No se mide en kilómetros recorridos ni en calas tachadas de una lista, sino en horas de silencio, en el sonido del viento sobre el acebuche y en la sorpresa de doblar un cabo y encontrar, de golpe, una bahía vacía. Esa forma tiene un nombre antiguo: el Camí de Cavalls.
El Camí de Cavalls (GR-223) es un sendero histórico de unos 185 kilómetros que rodea por completo la isla, abrazando todo su perímetro entre Maó y Ciutadella sin cerrarse nunca al mar. Su origen se remonta siglos atrás, cuando servía para que la milicia a caballo vigilara y defendiera la costa de incursiones; de ahí el “camino de caballos”. Durante décadas estuvo cerrado, invadido y casi olvidado, hasta que la presión ciudadana logró su recuperación y reapertura como sendero público. Hoy es, sin discusión, la mejor manera de descubrir la Menorca que no se ve desde la carretera.
Recorrerlo entero es una pequeña epopeya tranquila; recorrer un solo tramo, al atardecer, ya basta para entender de qué va esta isla. En Calma Society lo defendemos como el gesto más elegante que puede hacer un viajero en Menorca: cambiar la prisa por el paso, y el coche por las botas.
Lo esencial
- Qué es: sendero litoral GR-223 que circunvala Menorca.
- Distancia: unos 185 km en total, dividido en 20 etapas oficiales.
- Dirección: señalizado en ambos sentidos, con balizas de madera y marcas blancas y rojas del Gran Recorrido.
- Dificultad: variable según la etapa, de paseo fácil a tramos exigentes por roca y desnivel.
- Mejor época: primavera (de abril a junio) y otoño (septiembre y octubre).
- Coste: acceso libre y gratuito; es un camino público.
¿Qué es exactamente el Camí de Cavalls?
Es un camino de ronda costero, no una ruta interior. Eso significa que casi siempre vas a tener el mar a un lado, alternando acantilados de roca oscura en el norte con pinares y arenas blancas en el sur. Atraviesa los paisajes más diversos de la isla en muy poco espacio: dunas, barrancos, zonas húmedas, encinares, marismas y antiguas torres de defensa.
No es casual que esto se conserve así. Menorca es Reserva de la Biosfera de la Unesco desde 1993, y buena parte de lo que verás caminando está protegido. El Camí es la puerta de entrada a esa Menorca discreta y bien guardada.
¿Hay que hacerlo entero?
No, y casi nadie lo hace de una vez. Las 20 etapas tienen longitud y exigencia muy distintas, y se pueden combinar a tu gusto. Hay tres formas sensatas de plantearlo:
- El camino completo: una travesía de varios días, normalmente entre una y dos semanas según el ritmo, durmiendo en pueblos o cerca de la costa. Es para quien busca la experiencia integral.
- Un fin de semana de etapas escogidas: dos o tres tramos selectos, encadenando los paisajes que más te interesen.
- Tramos sueltos de medio día: la opción más cómoda y la que recomendamos para una primera vez. Eliges una etapa, dejas el coche en un extremo y caminas con calma.
Para los tramos lineales conviene pensar el regreso: o haces ida y vuelta por el mismo camino, o usas dos coches, o consultas el transporte público y los servicios de taxi locales, que en verano cubren mejor la costa.
¿Cuáles son los mejores tramos?
Depende de qué Menorca quieras sentir. Estas son las dos almas del Camí:
El sur, para las calas de ensueño. Es la postal clásica: arena clara, agua turquesa, pinos que llegan hasta la orilla. El tramo que va de Cala Galdana hacia Cala Macarella y Macarelleta es el más célebre y, con razón, uno de los paseos costeros más bellos del Mediterráneo. También merece la zona de Cala Mitjana, accesible y serena fuera de las horas punta. Son tramos relativamente cómodos, ideales para iniciarse.
El norte, para el paisaje salvaje. Aquí la isla muestra su carácter recio: roca rojiza y negra, viento de tramontana, calas de arena rojiza y una soledad que en el sur cuesta encontrar. Los alrededores de Cala Pregonda, Cavalleria y Binimel·là ofrecen un paisaje casi lunar, áspero y magnífico. Exige algo más de pierna y de respeto al terreno, pero la recompensa es una Menorca que parece de otro siglo.
Nuestro consejo de criterio: si solo puedes elegir uno, ve al sur para nadar y al norte para mirar. Son experiencias distintas y complementarias.
¿Cuándo es mejor caminarlo?
La primavera y el otoño son, sin discusión, las mejores estaciones: temperaturas amables, campo verde o dorado, luz limpia y poca gente. Abril, mayo, junio, septiembre y octubre regalan las mejores condiciones.
El verano es perfectamente posible, pero exige cabeza: hace calor, hay poca sombra en muchos tramos y el sol del mediodía es duro. Si caminas en julio o agosto, sal al amanecer, termina antes de las horas centrales y lleva agua de sobra. El invierno tiene su encanto melancólico, sobre todo en el norte azotado por la tramontana, aunque algunos días el viento puede ser incómodo.
¿Qué llevar y cómo prepararse?
El Camí no es alta montaña, pero tampoco un paseo de paseo marítimo. Conviene ir bien:
- Calzado: botas o zapatillas de trail con buena suela; hay roca, raíces y tramos irregulares.
- Agua: abundante. En muchos tramos no hay fuentes ni servicios, así que no cuentes con reponer por el camino.
- Sol: gorra, gafas y crema. La sombra escasea, especialmente en el sur abierto y en el norte pelado.
- Avituallamiento: algo de fruta o frutos secos; planifica las comidas según el pueblo o la cala donde termines.
- Mapa o app de senderos: la señalización es buena, pero llevar el track descargado da tranquilidad.
Comprueba siempre la previsión de viento, sobre todo en el norte, y revisa los horarios actualizados de transporte si dependes de él para volver.
¿Se puede hacer con niños o en familia?
Sí, eligiendo bien la etapa. No todos los tramos son aptos para piernas pequeñas, pero varios paseos del sur son cortos, sombreados por pinar y terminan en una cala donde darse el premio de un baño. La clave es escoger un tramo lineal breve, calcular la vuelta y convertir el camino en una pequeña aventura con paradas: una torre de vigilancia, un lagarto al sol, el primer atisbo del agua entre los árboles. Evita en cambio los tramos largos y expuestos del norte con menores o calor fuerte.
El placer de combinarlo con la mesa
Caminar abre el apetito, y Menorca recompensa bien. Tras una etapa, nada como sentarse a probar el queso Mahón-Menorca DOP, una caldereta junto al mar o, al caer la tarde, una pomada —el combinado de gin Xoriguer con limonada que es casi un rito local—. No hace falta lujo de manteles: el lujo es llegar con hambre honrada, oler a sal y a romero, y dejar que la comida sepa a esfuerzo bien empleado. Planifica el final de cada tramo cerca de un pueblo o una cala con servicio y deja que el día se cierre solo.
Caminar con respeto
Esto es una Reserva de la Biosfera, no un parque temático. Llévate toda tu basura, no salgas de los senderos marcados, no recojas plantas ni piedras y respeta las zonas de nidificación y el ganado, porque buena parte del Camí cruza fincas privadas que generosamente permiten el paso. El silencio también es patrimonio: déjalo intacto para quien venga detrás.
Nuestro criterio
Si nos preguntan por una sola cosa que hacer en Menorca con tiempo y sensibilidad, decimos siempre lo mismo: una etapa del Camí de Cavalls, sin reloj. No hace falta hacerlo entero ni convertirlo en hazaña deportiva. Hace falta, sencillamente, caminar despacio, parar a mirar el mar, bañarse en una cala que te has ganado a pie y dejar que la isla marque el ritmo.
Ese es, precisamente, el lujo que defendemos: no el de tener más, sino el de tener tiempo. El Camí de Cavalls lo regala a cada paso.