Hay calas que se ven desde el coche y calas que hay que ganarse. Cala Pregonda pertenece a las segundas, y en esa exigencia está casi todo su secreto. Ningún asfalto llega hasta ella: para pisar su arena hay que aparcar en Binimel·là, cruzar una primera playa y seguir el Camí de Cavalls durante veinte o treinta minutos, con el sol del norte de testigo. El esfuerzo es modesto, pero suficiente para filtrar las prisas. Cuando por fin se abre el paisaje, uno entiende por qué tantos la consideran la cala más icónica de la tramuntana menorquina.
Y es que Pregonda no se parece a la postal caribeña que muchos esperan de Menorca. Su arena tiene un tono dorado y rojizo, casi cobrizo, fruto de la roca ferruginosa que la rodea. Frente a la orilla emergen islotes que dan al conjunto un aire irreal, casi marciano, contra un agua de un turquesa que parece imposible en semejante decorado. Es el norte salvaje en estado puro: la cara antigua y bravía de la isla, la que sigue virgen precisamente porque nadie puede llegar en coche hasta ella.
Lo esencial
- Dónde: costa norte de Menorca, término de Es Mercadal. Se accede desde la carretera de Fornells con desvío hacia Cavalleria y Binimel·là.
- Acceso a Pregonda — solo a pie: se aparca en el parking gratuito de Binimel·là, se cruza la playa de Binimel·là y se sigue el Camí de Cavalls unos 20-30 minutos. No hay acceso de coche.
- Servicios en Pregonda: ninguno. Es una cala virgen, sin chiringuito, sin sombrillas, sin duchas ni papeleras.
- Servicios en Binimel·là: sí tiene parking y, según la temporada, a veces chiringuito. Cerca queda también Cala Mica.
- Cuándo: mayo, junio y septiembre son los meses ideales; en agosto, a primera hora de la mañana.
- El viento: es costa de tramuntana; con viento fuerte del norte el mar se embravece. Ese día, mejor el sur.
Cómo se llega: el Camí de Cavalls desde Binimel·là
El punto de partida es siempre Binimel·là. Desde Es Mercadal se toma la carretera de Fornells y, antes de llegar al pueblo, se gira hacia el desvío de Cavalleria y Binimel·là por una carretera estrecha que termina en el aparcamiento gratuito de la playa. Hasta aquí llega el coche; a partir de aquí, solo los pies.
Una vez en Binimel·là, hay que cruzar la propia playa y buscar, en su extremo, el sendero que asciende hacia el oeste. Es un tramo del Camí de Cavalls, el histórico camino que rodea toda la isla. En veinte o treinta minutos de paseo entre roca, monte bajo y vistas abiertas al mar se llega a Pregonda. El trayecto no tiene gran dificultad, pero conviene saber que parte del tramo final cruza terreno privado: hay que respetar escrupulosamente la señalización, los cierres y los pasos marcados. Ese equilibrio entre lo público y lo privado es justo lo que ha mantenido la cala como está.
No es una caminata trivial bajo el sol de mediodía. No hay sombra apenas en el sendero ni agua que comprar en todo el recorrido, así que el calzado cerrado, el agua de sobra y la protección solar no son opcionales. Forman parte del trato.
Cuándo ir
Los mejores meses para Pregonda son mayo, junio y septiembre: la luz es limpia, el agua ya templa y la afluencia es moderada. En esas semanas la caminata se hace agradable y la cala se disfruta sin agobios. En agosto, la única franja realmente tranquila es la primera hora de la mañana; si se llega pronto, la recompensa es una cala casi para uno mismo y un mar quieto y transparente.
El factor decisivo, sin embargo, es el viento. Pregonda mira al norte y, cuando sopla la tramuntana con fuerza, el mar se embravece, el agua se enturbia y la arena vuela. La regla local es sencilla y vale oro: día de viento del norte, playa del sur; día de calma, el norte es un regalo. Conviene consultar siempre la previsión antes de cargar con todo y echar a andar.
Qué encontrarás
Lo primero, ese paisaje que no parece mediterráneo: arena dorada-rojiza, islotes recortados sobre el agua y formaciones de roca antigua que el viento ha esculpido durante milenios. Es un decorado fotogénico hasta lo improbable, pero su verdadero lujo es otro: la ausencia. No hay música, no hay hileras de tumbonas, no hay barras. Hay espacio, silencio y tiempo.
Justamente por eso conviene bajar autosuficiente: agua abundante, comida o picnic, sombra propia y una bolsa para llevarse la basura de vuelta. Lo que entra en Pregonda, sale con quien lo trajo. En días de calma, el snorkel en las zonas rocosas de los extremos suele ser excelente, y la luz de la tarde —si se aguanta el camino de regreso con el sol bajo— enciende la arena en tonos cobre que se quedan en la memoria.
Si la caminata se hace larga, o si se viaja con niños o con poco tiempo, Binimel·là es una alternativa más que digna: arena oscura, parking a pie de playa y, según la temporada, algún servicio. Es además la puerta de entrada a Pregonda, así que muchos hacen base allí y deciden sobre la marcha si emprenden o no el paseo. Muy cerca queda Cala Mica, otro rincón para alargar el día por el norte.
Cómo cuidarla
Que Pregonda siga siendo lo que es no es casualidad: es el resultado de que mucha gente la trata bien. La cala no tiene servicio de limpieza, así que cada visitante es responsable de su propio rastro. No se recolectan arena ni piedras, no se enciende fuego y no se abandona nada, ni siquiera lo que parece inofensivo.
El otro gesto imprescindible es respetar el terreno privado del tramo final del sendero: ceñirse a los pasos señalizados, no abrir cierres ni atajar campo a través. El acceso a un lugar así es un privilegio frágil, y se conserva tratándolo con la misma calma con la que se camina hasta él. Y, por seguridad, sentido común con el mar: si hay bandera roja o mar de fondo por la tramuntana, mejor no meterse; las corrientes del norte no se improvisan.
Para seguir descubriendo esta costa, merece la pena leer nuestra guía de las calas del norte que aún guardan el silencio y, para rematar el día con algo bien hecho, la parada en Fornells, el pueblo pescador del nordeste.
Nuestro criterio
Pregonda es, para nosotros, el norte de Menorca resumido en una sola cala: la arena imposible, los islotes, el camino que hay que ganarse y la ausencia de todo lo demás. Si solo se puede ver una playa de la tramuntana, esta es la elección segura. Pero el consejo de fondo no es un destino, es una manera de ir: salir temprano, cargar agua y sombra, mirar antes la previsión de viento y aceptar que no habrá nada montado al llegar.
Quien busque comodidad de chiringuito encontrará en Binimel·là una base amable y honesta. Quien busque ese silencio raro y el paisaje que no parece de aquí, que se calce bien y camine los veinte minutos. Pregonda no se visita con prisa: premia a quien madruga, a quien respeta el camino y a quien sabe quedarse quieto un rato escuchando el mar del norte.