Formentera se recorre entera en un día, y ese es a la vez su encanto y su trampa. Se puede hacer en tres horas de coche, pero entonces no se ha visto nada.

La forma de la isla

Formentera son unos veinte kilómetros de punta a punta, con una carretera central que las une y muy poco más. En un extremo, la Mola, la meseta alta del este, con su faro al final del camino. En el otro, el Cap de Barbaria, una lengua de piedra seca que termina en acantilado, con otro faro y casi nada alrededor.

Entre los dos, la isla habitada: la Savina, que es el puerto y por donde se llega; Sant Francesc Xavier, la capital, con su iglesia fortificada; Sant Ferran; y es Pujols, el único núcleo netamente turístico.

El orden que funciona

Desembarcar en la Savina y salir disparado a ses Illetes es lo que hace todo el mundo, y por eso ses Illetes está llena a mediodía.

Funciona mejor al revés: empezar por el Cap de Barbaria a primera hora —la luz rasante sobre la piedra y casi nadie—, bajar luego a alguna cala del sur, comer sin prisa, y dejar la Mola para el final de la tarde. El faro de la Mola mirando al mar abierto, con el sol bajando a la espalda, es el cierre lógico del día.

Ses Illetes, si va a ir, vaya temprano. Es la playa más conocida de la isla y la que antes se llena.

Lo que no conviene hacer

Intentar verlo todo. Formentera premia lo contrario: elegir tres sitios y estar en ellos.

Cuándo

Mayo, junio y septiembre. En julio y agosto la isla recibe mucha más gente de la que cabe, y el Consell limita la entrada de vehículos precisamente por eso. En invierno hay poca cosa abierta, pero los caminos y los dos faros siguen ahí, y no hay nadie.