Hay pueblos que se entienden en cuanto bajas del coche, y Fornells es uno de ellos. Casas blancas y bajas alineadas frente al agua, barcas de pesca amarradas, una bahía larga y mansa que el viento del norte apenas alcanza a rizar, y un ritmo que no se parece en nada al del sur turístico. Fornells es la Menorca marinera que sigue oliendo a sal y a guiso, no a souvenir.
Está en la costa norte —el nordeste, en el municipio de Es Mercadal—, asomado a una de las bahías naturales más bellas y protegidas de la isla: más de tres kilómetros de agua resguardada que durante siglos hicieron de este rincón un refugio para pescadores y, también, un punto que hubo que defender. Hoy esa misma bahía es su mayor tesoro: serena para bañarse, perfecta para navegar y enmarcada por la tramuntana, la franja norte agreste y ventosa de Menorca.
Esta es una guía con calma de Fornells: por qué merece la parada, qué comer (spoiler: caldereta), qué ver y cómo vivirlo sin prisa.
Lo esencial
- Dónde: costa norte de Menorca, municipio de Es Mercadal, en una bahía cerrada de más de 3 km.
- Su fama: la caldereta de langosta, considerada la mejor de la isla.
- Qué hacer: pasear el frente marítimo, bañarse en aguas tranquilas, navegar, hacer windsurf, kayak o paddle en la bahía, y subir a la torre de defensa.
- Base ideal para: descubrir el Cap de Cavalleria y las calas salvajes de la tramuntana.
- Carácter: pueblo pequeño (poco más de mil habitantes), blanco, sosegado y marinero. Nada de bullicio.
- Cuándo: primavera y otoño para la calma; verano, mejor a primera hora o al atardecer.
¿Por qué parar en Fornells?
Porque es de esos sitios donde no hay que “hacer” nada para que el lugar funcione. Te sientas frente al puerto, ves volver una barca, pides algo bien hecho y el día ya ha valido la pena. Fornells no compite con las postales turquesa del sur: ofrece lo contrario, una autenticidad sin pose, de pueblo que vive del mar los doce meses del año.
Su escala es parte del encanto. Se recorre entero a pie en un rato, entre callejuelas blancas y el paseo del puerto, sin grandes monumentos que tachar de una lista. El plan es justo ese: no tener plan, dejar que la bahía y el apetito marquen el ritmo.
La caldereta de langosta, su plato emblema
Si Fornells es famoso por algo más allá de su bahía, es por la caldereta de langosta. Es el plato marinero por excelencia de Menorca y aquí se vive como una institución: langosta de la isla, sofrito paciente de tomate, cebolla, ajo y pimiento, y un caldo que concentra todo el mar del norte. No es comida rápida ni barata —la langosta manda—, sino una experiencia para sentarse y tomarse su tiempo.
Un par de avisos para disfrutarla bien: reserva con antelación en temporada, porque las mesas frente al puerto vuelan, y consulta precios y temporada antes de ir, ya que varios negocios trabajan por meses. El producto bueno tiene su precio; lo demás lo pone el sitio.
Una bahía para vivir el mar con calma
La bahía de Fornells es un regalo para quien quiere mar sin oleaje. Cerrada y poco profunda en buena parte, de aguas tranquilas y viento constante, es uno de los mejores lugares de Menorca para iniciarse o disfrutar de los deportes náuticos: vela ligera, windsurf, kayak y paddle surf. Hay escuelas y alquiler, y la sensación de navegar dentro de un lago protegido, con el pueblo blanco al fondo, es difícil de olvidar.
Para quien prefiere tierra firme, el paseo del puerto al atardecer, con las barcas meciéndose y la luz cayendo sobre el agua, es uno de esos placeres pequeños que resumen el norte de la isla.
La Torre de Fornells y un pasado de vigías
La bahía que hoy es un lujo fue, durante siglos, una vulnerabilidad: una entrada perfecta también para piratas y enemigos. Por eso el lugar se fortificó. La pieza más visible es la Torre de Fornells, una torre de defensa circular levantada por los británicos entre 1801 y 1802, a principios del siglo XIX, durante su última etapa en Menorca. Hoy se puede visitar y desde lo alto se entiende de un vistazo por qué este punto era estratégico: domina toda la bocana y el mar abierto.
Cerca quedan también las ruinas del antiguo Castell de Sant Antoni, de origen defensivo anterior. Entre la torre y el castillo, Fornells cuenta en piedra la historia de una isla siempre disputada.
Qué ver cerca: la tramuntana salvaje
Fornells es la mejor base para explorar el norte agreste de Menorca. A muy poca distancia espera el Cap de Cavalleria, el punto más septentrional de la isla, con su faro, sus acantilados rojizos y los restos de la antigua ciudad romana de Sanitja. Y por toda la costa se abren las calas de la tramuntana —Pregonda, Cavalleria, Binimel·là—, de arena rojiza, agua intensa y mucho menos gente que el sur.
La regla local para el norte es sencilla: con tramuntana fuerte el mar se embravece y conviene refugiarse en el sur; con calma, esta costa es un regalo que pocos reclaman.
¿Cuándo ir y cómo llegar?
El norte da lo mejor de sí en primavera y otoño, con luz amable y pueblos tranquilos; en pleno verano, Fornells se anima sobre todo a la hora de comer y de cenar, así que la primera hora de la mañana y el atardecer son los momentos más serenos. Se llega fácil en coche desde Maó o Es Mercadal, pero el aparcamiento se complica en temporada alta y a la hora de las calderetas.
Nuestro criterio
Fornells no se “visita”, se disfruta despacio. Nuestra recomendación: llega a media tarde, date un baño en la bahía o sal a remar mientras el viento afloja, sube a la torre para situar el paisaje y reserva la noche para una caldereta frente al puerto. Si tienes un día más, úsalo para el Cap de Cavalleria y una cala del norte al atardecer.
Es el lujo tranquilo en estado puro: un pueblo blanco, una bahía mansa y un plato que pide tiempo. Nada que fotografiar a la carrera; todo para quedarse un rato más.