Menorca es reserva de biosfera desde 1993, y eso se nota en el frasco. En una isla donde el campo se cuida como paisaje, la miel es un producto pequeño y honesto: pocas manos, muchas flores silvestres y una tradición que durante generaciones fue un complemento del payés más que un negocio. Contarla bien exige, precisamente, no exagerar.
Lo esencial
- La Associació Menorquina d’Apicultors, fundada en 1985, agrupa a unos 140 afiliados (no todos en activo), y en la isla hay alrededor de 1.600 colmenas. (Cifras del sector; conviene confirmarlas con fuentes oficiales del Consell antes de darlas por definitivas.)
- Solo alrededor de media docena de productores comercializan su miel con marca propia por circuitos oficiales.
- La miel predominante es la de milflores; las monoflorales salen de la flora local: romero, sulla (enclova), brezo (xipell) y trébol.
- La recolección se concentra entre marzo y noviembre, con extracciones de primavera (mayo-julio) y de otoño.
- No hay denominación de origen (DOP/IGP) de miel de Menorca: su valor está en el origen y la escala, no en un sello.
Un oficio de complemento
Durante mucho tiempo, la apicultura menorquina fue una actividad complementaria de la gente del campo: unas colmenas junto a la finca, miel para casa y algo para vender a los vecinos. Esa escala doméstica explica por qué, todavía hoy, muy pocos productores dan el salto a la marca propia. Los que se consideran profesionales —los que superan las 150 colmenas— se cuentan con los dedos de una mano: nombres como S’Eixam (Sebastià Pons) o Dolçamar (Antoni Anglada), y proyectos como Mel i Untis, que además abre las puertas de su apiario con un programa de apadrinamiento de colmenas.
De qué flores sale
Lo que hace distinta a esta miel no es una técnica, sino un paisaje. La isla-reserva ofrece una flora melífera variada: los encinares y el acebuche, los brezales y las jaras, y plantas como la sulla (enclova), el romero y el trébol. De ahí salen, según la floración de cada temporada, la miel de milflores —la más común— y las monoflorales, más difíciles de lograr porque dependen de que un cultivo mande sobre el resto en el momento justo.
La recolección es un trabajo intenso y estacional, repartido grosso modo entre marzo y noviembre: la flor de primavera da las extracciones de mayo a julio; la de otoño, las de después del verano.
Nuestro criterio
La miel de Menorca no compite en volumen ni presume de sello, y esa es su honestidad: la misma de casi toda la despensa local de la isla. Búscala directamente del productor —en su finca, en un mercado municipal, en una tienda de producto local— y pregunta de qué flor y de qué temporada es. Si puedes, visita un colmenar —en la isla hay experiencias apícolas abiertas, de la finca de Lluriach, en Es Mercadal, a la de Algaiarens, en la costa norte—: entender cuántas flores hay detrás de un tarro es la mejor manera de no volver a mirar la miel del supermercado igual.
En una isla que es reserva de biosfera, la miel no es un souvenir: es el sabor concentrado de un paisaje que se cuida. Poca, local y de temporada.