La historia del aceite de Menorca es casi una resurrección. Hubo aceite en la isla en época romana —lo dicen los hallazgos de Alaior, del siglo II a.C.— y en época islámica. Después, entre la subida del diezmo en el siglo XIV y las crisis agrarias del XIX, el olivar se fue abandonando hasta desaparecer: Menorca pasó casi setenta años, en pleno siglo XX, sin producir una sola gota de aceite propio. Que hoy vuelva a haber es una de las historias agrícolas más bonitas de la isla.
Lo esencial
- Menorca produjo aceite en época romana y luego lo perdió; el olivar ha renacido en el siglo XXI.
- Hoy hay más de 80 hectáreas de olivar, alrededor de 20 productores y 8 almazaras, agrupados en la asociación Oli de Menorca (olidemenorca.org).
- Variedades plantadas: arbequina, picual, koroneiki, empeltre y cornicabra.
- La producción varía mucho de un año a otro según el clima y la cosecha; por eso no damos cifras de litros.
- El emblema de la huerta es la tomàtiga de ramellet, el tomate de colgar que se conserva meses; su recolección va de julio a octubre.
Un olivar joven sobre una tierra vieja
El renacer arrancó a comienzos de este siglo, cuando algunos payeses volvieron a plantar olivos y a moler su fruto. Fue un movimiento lento y tozudo: plantar un olivar es apostar a años vista. Hoy, esa apuesta tiene forma de asociación —Oli de Menorca— que reúne a la veintena de productores y las ocho almazaras de la isla, varios de ellos en fincas y agroturismos que abren sus puertas en temporada de molienda. Las variedades son mediterráneas de manual —arbequina, picual, koroneiki, empeltre, cornicabra—, pero el resultado sabe a algo nuevo: un aceite de isla, todavía escaso, todavía buscándose.
Conviene una advertencia honesta: no existe una denominación de origen del aceite de Menorca. Hay una asociación que agrupa y defiende a los productores, que no es lo mismo que un sello protegido. Y la producción es muy volátil: un año de sequía o una mala floración cambian la cosecha por completo.
La huerta: el tomate que dura todo el invierno
Si un producto resume la huerta menorquina es la tomàtiga de ramellet, el tomate «de penjar». De piel dura y poca agua, se ata en ramos y se cuelga para conservarse sin nevera durante meses —hasta el invierno—. Es la base del pa amb oli y de la oliaigua, la sopa fría del verano. Su temporada de recolección va de julio a octubre.
El resto del calendario de huerta es el mediterráneo de siempre —pimiento, berenjena y calabacín en verano; ajo que se planta en otoño y se recoge en primavera; calabaza para las greixeres de otoño—, aunque conviene tomarlo como orientativo: la huerta manda más que el calendario.
Nuestro criterio
El aceite de Menorca no es todavía un gigante, y ahí está su interés: comprarlo es acompañar una recuperación en marcha. Búscalo joven, del año —en la propia finca o en los puestos de producto de la tierra del Mercat des Claustre, en Maó—, y pruébalo en crudo sobre un buen pan con una tomàtiga de ramellet: no necesita más. Y si tienes ocasión, visita una almazara o una finca en temporada de molienda —a partir del otoño—: ver moler la aceituna el mismo día en que se recoge explica el precio mejor que cualquier etiqueta. El aceite es, además, la pieza más joven de una despensa que merece recorrerse entera: la ordenamos en nuestra guía de productos de Menorca.
Una isla que estuvo setenta años sin aceite y ha vuelto a hacerlo no vende un producto: vende una segunda oportunidad. Merece la pena probarla.