Tenerife tiene una esquina donde el ruido de la isla se apaga. Está en el noreste, a media hora de Santa Cruz: una cordillera estrecha y abrupta, cubierta de un bosque húmedo que vive de la niebla, con caseríos colgados de las laderas y playas de arena negra al final de carreteras que se toman sin prisa. Es el macizo de Anaga.
Lo esencial
- Dónde: noreste de Tenerife, a media hora de Santa Cruz. Parque rural y Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 2015.
- Por dónde empezar: Cruz del Carmen, con centro de visitantes, mirador y senderos señalizados.
- Con autorización: el sendero de El Pijaral requiere autorización previa del Cabildo en Tenerife ON.
- Playas: Roque de las Bodegas, Almáciga y Benijo, bajo Taganana. Baño solo con el mar en calma.
- Qué llevar: un cortavientos; en las cumbres puede llover y hacer fresco aunque en Santa Cruz luzca el sol.
Qué es Anaga
Anaga es un parque rural que se reparte entre San Cristóbal de La Laguna, Tegueste y Santa Cruz de Tenerife, y desde 2015 es Reserva de la Biosfera de la UNESCO. Es de las tierras más antiguas de la isla, y se nota: barrancos profundos, roques afilados y crestas que el agua ha ido tallando durante mucho tiempo.
Su gran tesoro es la laurisilva, el bosque de laureles, brezos y helechos que cubrió el sur de Europa hace millones de años y que hoy sobrevive en pocos sitios de la Macaronesia. Vive de la humedad que traen los alisios: el mar de nubes se engancha en las cumbres y el bosque bebe directamente de la niebla. Entrar en él una mañana gris es entender por qué se le llama bosque de niebla. La prensa canaria lo cita a menudo como uno de los lugares con más biodiversidad por kilómetro cuadrado de la Unión Europea.
Cómo recorrerla
La puerta de entrada natural es la carretera que sube desde La Laguna hacia las cumbres. En Cruz del Carmen hay un centro de visitantes y un mirador, y desde allí salen varios senderos señalizados que se adentran en el bosque. Es el mejor sitio para empezar: informarse, elegir una ruta a la medida del día y dejar el coche donde se puede.
Uno de los recorridos más conocidos, el sendero de El Pijaral, cruza una reserva natural integral y requiere autorización previa del Cabildo, que se solicita en su canal oficial, Tenerife ON; consúltalo antes de ir. No es un trámite menor: protege uno de los rincones mejor conservados del bosque.
En toda Anaga valen las mismas reglas: solo por los senderos señalizados, sin coger plantas ni piedras, sin drones y sin acampar fuera de las zonas habilitadas y con autorización. El aparcamiento es escaso y las carreteras, estrechas y llenas de curvas: aparca solo donde está permitido y nunca en los arcenes de los caseríos, que son la entrada a casa de alguien.
Taganana y el final de la carretera
Al otro lado de la cumbre, la carretera baja hacia el norte hasta Taganana, uno de los caseríos más antiguos de la isla, entre viñas en laderas imposibles. Desde allí se llega a tres playas de arena negra con caracteres muy distintos:
- Roque de las Bodegas, la más tranquila, con un puñado de bares donde se come pescado mirando al mar.
- Almáciga, la de los surfistas, abierta al oleaje del Atlántico.
- Benijo, la de los atardeceres, con los roques recortados en el agua.
Es el Atlántico del norte: corrientes fuertes y oleaje que cambia rápido. Báñate solo con el mar en calma y donde haya bandera y vigilancia, y no te alejes de la orilla. A veces, la mejor manera de disfrutar estas playas es sentarse a mirarlas.
Cuándo ir
Anaga se disfruta todo el año, y precisamente los días grises le sientan mejor que a ningún otro sitio de la isla. Entre semana y temprano, el bosque es casi tuyo. Los fines de semana, cuando media Tenerife sube a caminar, conviene madrugar aún más.
Lleva siempre un cortavientos: en las cumbres puede llover y hacer fresco aunque en Santa Cruz luzca el sol. Para ver la otra cara de la isla, la seca y volcánica, el contraste perfecto es el Teide. Y en el extremo opuesto de Tenerife, Teno y Masca guardan otro macizo antiguo, también regulado.
Nuestro criterio
Anaga no se visita: se camina. Su lujo es el que defendemos, el del tiempo y el silencio, y se pierde en cuanto se intenta ver todo en un día. Elige un sendero, entra temprano, respeta las autorizaciones y termina en Roque de las Bodegas con un pescado y el mar delante. Eso es Anaga.
Datos de octubre de 2026, contrastados con prensa canaria y guías de la isla. Los senderos regulados, sus autorizaciones y el estado de las pistas pueden cambiar por obras, lluvias o incendios: consúltalos en los canales oficiales del Cabildo de Tenerife antes de ir.