La cocina ibicenca no se inventó para los visitantes: es de campo y de barca, y se nota. Son platos largos, de poca pirotecnia, hechos para alimentar a quien trabaja fuera.

Los platos que explican la isla

El bullit de peix. El plato más ibicenco que existe y el que mejor enseña la lógica de esta cocina: primero se come el pescado hervido con patata, y con el caldo resultante se hace después un arroz. Dos platos de una misma olla. Se sirve normalmente para dos o más personas y se pide con antelación en muchos sitios.

El sofrit pagès. El plato de invierno: carne de varias clases, patata y sobrasada, cocinado despacio. Se hacía para las fiestas y para los días de faena.

El flaó. El postre. Un pastel de queso fresco con hierbabuena, que es exactamente lo que suena: una combinación rara que funciona. Se come todo el año, no solo en Pascua.

Dónde tiene sentido buscarlo

En la costa, en los chiringuitos de toda la vida más que en los locales nuevos. Y tierra adentro, en los pueblos del centro y del norte —Santa Gertrudis, Sant Miquel, Sant Carles—, donde el restaurante es del pueblo antes que del visitante.

La regla que nunca falla es la de siempre: si el sitio tiene carta en seis idiomas con fotos y está justo al lado de un aparcamiento grande, no es ahí.

Cuándo

Fuera de temporada. De octubre a mayo, los restaurantes que abren son los que trabajan con clientela local, la cocina va sin prisa y no hace falta reservar con tres semanas. En agosto se come bien también, pero hay que elegir con más cuidado y llamar antes.

Una advertencia honesta

Ibiza es cara, y eso incluye la mesa. La diferencia entre un buen almuerzo y uno decepcionante no está aquí en el precio, sino en haber elegido el sitio por el motivo correcto.